lunes, 9 de febrero de 2009

Carl McCoy I - La mujer moderna

La mujer moderna no es más que una degeneración más de esta sociedad podrida hasta el tuétano. Pero hamijos, nosotros hemos tenido la culpa de esta inversión de roles, dejando que las mujeres alcanzasen la igualdad de géneros, la ideología más falsa de cuantas nos quieren vender en aras de la modernidad. Por Naturaleza la hembra cuida de la descendencia y no se dedica a competir con el macho por un puesto mejor. ¿Para que queréis trabajar, para ser iguales a nosotros? Y una mierda, lo hacen para consumir más que nosotros y sentirse dueñas de sus miserables vidas.

Lo curioso es que el dueño de sus vidas no es otro que el letal e inexorable reloj biológico. Tic-tac, tic-tac... En pocos años la Diosa debe abandonar su Altar, deificado por hombres asexuados, pusilánimes, zampachochos, para convertirse en Madre Terrenal, rol que tiene la fecha de caducidad grabada a fuego en sus pechos y sus otros atractivos naturales.

Los antiguos conocían la forma de evitar la supremacía moral de la hembra: sacrificando el fruto de su vientre en rituales mágicos, acabando con los cultos femeninos en virtud de los Dioses y valores masculinos, más racionales y portadores de valores más profundos y nobles.

El mundo va como va por tanta maricona suelta que trata de volver a los tiempos de la Diosa Madre, deificando lo que no es más que carne y huesos.

No tengais compasión de la zorra que se os ponga a tiro, porque detrás de su buenrrollismo, de su afán por arrojarnos del lugar que nos corresponde hay una conspiración urdida contra lo apolíneo, lo racional. Pagadselo con un buen lefazo en toda la piñata.

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